Por una actividad científica al servicio del bien común y el compromiso social

1.- UNA NUEVA GOBERNANZA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA

Capitalismo académico y gerencialismo empresarial

El modelo clásico de ciencia liberal (Krimsky, 2003), se basa en los principios de actividad universal (que transciende las culturas particulares), bien público (fruto de un trabajo compartido) y actividad desinteresada (orientada a la búsqueda de la verdad y el bien común). El actual capitalismo académico hegemónico está desplazando estos principios, subordinándolos a la lógica mercantil. De forma creciente, investigadores, departamentos y universidades vinculan los resultados de la investigación al interés económico directo, entre otras razones, por el patrocinio empresarial de su trabajo (Aguillo, 2014; Díez Gutiérrez, 2018). El conocimiento deja de ser concebido como un bien público para convertirse en un bien de explotación y apropiación privada cuyo valor se determina en el mercado.

Esto supone una exigencia de un aumento de la producción investigadora, en el marco de una permanente competitividad (Rodríguez Victoriano, 2017). La supuesta relación Productividad / calidad somete la investigación científica a progresivas regulaciones, clasificaciones y rankings que convierten el conocimiento en capital. En esta lógica, el valor de mercado se mide por indicadores externos que lo cuantifican y exhiben (Laval & Dardot, 2013; Gómez, Bravo & Jódar, 2015): número de patentes, artículos en revistas indexadas en el JCR, tramos de investigación reconocidos (sexenios), proyectos I+D, tesis doctorales, becas FPU, doctorados con mención hacia la excelencia, etc.

Desde esta lógica los saberes científicos son sustancialmente transformados a través de estas operaciones contables, que cuantifican el trabajo intelectual (Barot, 2013). De esta forma son susceptibles de ser incorporados al sistema de compra-venta de los circuitos del capitalismo académico. El capitalismo académico se convierte, entonces, en una matriz colonial de “extractivismo epistémico” (Rivera Cusicanqui, 2010). El saber convertido en forma-mercancía y su subordinación a las lógicas productivistas de la economía del conocimiento, son formas de resignificar los conocimientos producidos, las tecnologías desarrolladas, etc. Según Grofoguel (2016), estas producciones se transforman en capital económico o en mecanismos de obtención de ganancia de capital simbólico en el sistema-mundo moderno/colonial capitalista/patriarcal euro/euronorteamericano

El emprendimiento como plus de goce intelectual

Estos procesos forman parte, además, de una estrategia de gobernanza neoliberal propia de las sociedades de control posdisciplinar (Deleuze, 1999). Surge un nuevo Ethos basado en códigos morales que legitiman una proyección práctica en forma de nuevo estatuto social activo (Zangaro, 2011). Se enfatiza un ideal de autonomía responsable a través de conceptos como excelencia, espíritu emprendedor, innovación, autorrealización o creatividad. De esta forma se genera la imagen de que cada sujeto es portador de un capital humano que debe hacer fructificar, desde lógicas individuales en un contexto de competencia creciente. Se consolida así el imaginario del intelectual -emprendedor, acorde con la lógica neoliberal. Esto convierte al investigador en sujeto activo al acecho de las mejores oportunidades en el mercado del conocimiento, en interés propio. Esto cambia las reglas de juego en las formas de acceso a los recursos económicos, los bienes simbólicos, la capacidad de influir, etc. Se instaura una identidad individualista centrada en la lucha por el acceso a los recursos, al margen de modelos científicos o ideológicos a los que inscribirse. Esto representa el éxito de una cultura utilitarista e interesada.

El ejercicio intelectual se ve sometido a una especie de mandato superyoico que obliga a una permanente experimentación de ruptura de fronteras, de conciencia de la búsqueda de lo ilimitado. Es a esto a lo llamaremos plus de goce intelectual. La figura del intelectual emprendedor es, precisamente, un proceso de auto-explotación a través de la experimentación de esa ecuación rendimiento ilimitado-goce (Alemán, 2016). En esta dinámica interviene también otro mecanismo complementario: la relación que mantiene con el “acreedor de la deuda” (Lazzarato, 2013). Esto es, se genera un sentimiento de culpabilidad en el sujeto investigador por su dificultad de alcanzar la excelencia requerida, lo cual le convierte en deudor de algo que es imposible de satisfacer.

Existen, por tanto, varias formas de subjetivar al sujeto de la ciencia neoliberal: como empresario de sí misma, la de deudor o ambas a la vez. La actividad científica se convierte en una encrucijada permanente (Castillo y Moré, 2018). Podemos hablar de una ética de trabajo heterónoma basada en la autorregulación, la responsabilidad personal, la participación, el dinamismo innovador y la inserción en comunidades cercanas. No atender a esta ética es poner en peligro la propia carrera científica y profesional.

Ilustración de Jimmy Liao.

2.- DE LA NECESIDAD DE ABRIR EL CAMPO CIENTÍFICO

El análisis anterior nos lleva a plantear la necesidad de abrir el mundo de la ciencia y de la investigación, especialmente desde dos perspectivas diferentes: lo pro-común, y la perspectiva de género. Ambas constituyen los ejes para un cambio de política y práctica académica y científica.

Pluralidad epistémica y ciencia expandida. Redefinir la agenda del conocimiento desde el pro-común

Empezamos por reconocer la riqueza del campo epistemológico contemporáneo que supone una variedad en la producción, circulación y recepción del conocimiento (Agnew, 2006). La democracia se actualiza cada vez que una comunidad se hace visible (Marres, 2005) y toma la palabra conformando una visión del mundo. Se convierten así en comunidades epistémicas. Se abre, de este modo, la posibilidad de pensar y actuar fuera de los marcos de pensamiento dominantes. Esto supone necesariamente más participación ya que la frontera entre política y ciencia se hace más porosa y cambia las reglas de juego.

En este nuevo escenario se avanza hacia el ecosistema de los híbridos (Jasanoff, 2004), y de las modernidades vernáculas (Hall, 2000) o alternativas (Escobar, 2010). Los grupos locales traducen, desvían y reconstruyen los imperativos de la tecnociencia hegemónica. Surgen nuevas formas de hacer en forma de ecologías de saberes, estratégicas dialógicas incluyentes, redes de vida local, etc. Podemos hablar, por tanto, de una ética ligada a la autonomía y el bienestar hedónico (Riechmann, 2008; Pakman, 2011). Esto nos lleva a la cuestión de los pro-comunes y la urgencia de abrir las ciencias a las necesidades básica de nuestro tiempo, materiales e inmateriales, y las problemáticas de investigación que abren. Se avanza así, hacia un objeto de estudio relacionado con las preguntas centrales de nuestras sociedades hipercomplejas en tanto sistemas bio-psico-socio-eco-culturales (Villasante, 2006, 2014):

Las interacciones con el ecosistema (Hábitat/Habitar): la explotación de la naturaleza, el agotamiento y despilfarro de la biodiversidad, las tecnologías utilizadas en el marco de modelos extractivo-productivistas, el sostenimiento de ecosistemas locales y generales

Las interacciones relacionadas con el vínculo interpersonal y la reproducción social (Potenciar): aparecen cuestiones relacionadas con el poder y la dominación, pero también con las solidaridades, los cuidados y la gestión de poderes y emociones en la vida cotidiana, el patriarcado como estructura social, las consecuencias de las normas culturales y éticas con las que desarrollarnos como sociedad, la recuperación de la demo-diversidad.

Las interacciones con la producción y posesión de bienes y servicios, objetos y mercancías (Tener/Trabajar): nos lleva a cuestionar la producción y acumulación de excedentes como factor e indicador de progreso, el fetichismo de la mercancía y la explotación laboral, la cuestión del consumismo y el gasto creciente y exponencial, la problemática del capitalismo financiero y especulativo

Las interacciones con los mensajes y los contenidos de las creencias que circulan en cada cultura (Creer/Crear): los “equivalentes de valor dominantes” a escala mundial que pretenden generar la percepción de un orden “natural” y jerárquico, el papel que juegan los medios de comunicación en la reproducción ideológica y la hegemonía de los valores dominantes, la aceleración de las formas de comunicación e información provocadas por las nuevas tecnologías, la relación de la ciencia con saberes tradicionales, la imposición religiosa

Avanzando hacia investigaciones con perspectiva de género y/o feministas

Si hay un campo en el que la ciencia aún debe iniciar un proceso de reconfiguración y apertura es el relacionado con el género y la mujer. En los últimos años hemos asistido a una proliferación de estudios de género, tanto en el ámbito internacional como en el estatal. Sin embargo, y desafortunadamente, en buena parte de ellos se observa una clara tendencia a considerar el género y a las mujeres únicamente como objeto de estudio.

Sigue siendo extraño encontrar investigaciones que asuman la perspectiva feminista, o incluso de género, como premisa (Biglia, 2015). Si bien se está favoreciendo la inclusión parcial de propuestas teóricas feministas en los debates académicos, también esto mismo se está utilizando para desacreditar las propuestas que piden cambios en los modos de producir conocimiento (Biglia y Jiménez, 2012; Mendía Azkue et al., 2015). Por ello es necesario una reflexión sobre la inclusión de la perspectiva de género y/o feminista en nuestras investigaciones que cuestione las formas heteropatriarcales del quehacer científico y las culturas académicas asociadas. (Blázquez Graff et al., 2012)

Debemos generar interrogantes en relación con las distintas fases y aspectos del proceso de investigación que nos permiten reflexionar sobre los grupos de trabajo, el diseño, los contenidos y las elecciones metodológicas y procesuales (UE, 2011), al menos en relación con cuatro problemáticas:

  • En primer lugar, la reflexión sobre si hemos considerado suficientemente la equidad de género en nuestros equipos de investigación, pensando también en las condiciones laborales, en las posibles relaciones de poder que se establecen, en los procesos de toma de decisión que conllevan, así como en la importancia que tienen o no estos elementos en el grupo de investigación (Folch, 2015).
  • En segundo lugar, plantearnos cuestiones relacionadas con la fase de diseño de la investigación que nos interpelan sobre la incorporación de la perspectiva de género o feminista a la hora de establecer el tema, objetivos, preguntas e hipótesis de investigación, así como si se han previsto impactos de género desde el inicio (Martín & Muñoz, 2014).
  • En tercer lugar, preguntas sobre la fase de implementación de la investigación, lo que nos permite plantearnos hasta qué punto se ha considerado la perspectiva de género o feminista en la generación de datos y su análisis, en relación con los grupos implicados, el valor y visibilidad del trabajo realizado por cada una de las personas participantes y si ha habido un seguimiento suficiente de esta cuestión a lo largo del proceso (Caprile, 2012).
  • Finalmente, invitamos a reflexionar sobre los resultados, los impactos y su difusión. Así buscamos repensar cómo hemos expresado los resultados en las presentaciones, narrativas y formas de difusión, si hemos visibilizado suficientemente las contribuciones de las mujeres y las especificidades de género y si hemos considerado los tiempos y espacios de difusión, así como los distintos canales posibles para que el conocimiento generado se difunda de forma no androcéntrica y llegue a la sociedad en su conjunto (Díaz & Dema, 2013).
Referencias

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