En clave de inclusión: cómo la música forma docentes en habilidades para la vida

Introducción
E n la formación docente actual ya no basta con dominar los contenidos académicos. Los futuros maestros y maestras necesitan también desarrollar capacidades personales y sociales que les permitan trabajar con alumnado diverso, gestionar situaciones complejas y construir aulas más humanas. Entre estas competencias destacan tres que han guiado este proyecto: la empatía, la resiliencia y la conducta prosocial, en sintonía con la línea de trabajo que venimos desarrollando (Cortón-Heras et al., 2023a).

En esta entrada presentamos una experiencia de aprendizaje-servicio fruto de la colaboración entre la Universidad de Valladolid y el Centro de Educación Especial “Nuestra Señora de la Esperanza” de Segovia (España). El objetivo no era solo enriquecer la formación del alumnado universitario, sino también responder a las necesidades reales de una escuela inclusiva (Parejo et al., 2021).

La metodología de aprendizaje-servicio permitió articular la formación académica con una contribución significativa al contexto educativo. Las sesiones musicales generaron momentos de conexión emocional, disfrute y expresión para el alumnado del centro, reforzando el valor social y pedagógico de la música. Los y las estudiantes universitarias diseñaron, aplicaron y evaluaron sus propuestas; trabajaron las cuatro formas de expresión musical (creación, voz, instrumentos y movimiento y danza); reflexionaron sobre su práctica en diarios reflexivos; y ajustaron sus actividades en función de las necesidades del grupo.

¿Por qué trabajar competencias transversales en la formación inicial del profesorado?

Las habilidades para la vida —regular emociones, relacionarse adecuadamente con otros, resolver problemas o adaptarse a la adversidad— son hoy imprescindibles para afrontar la complejidad educativa presente en las aulas (Giraldez-Hayes y Prince, 2017). Estas capacidades complementan el conocimiento académico y fortalecen el bienestar personal, la toma de decisiones y la eficacia en la práctica docente (Cortón-Heras et al., 2023b). Su relevancia aumenta en contextos inclusivos, donde el profesorado debe atender a necesidades diversas y promover ambientes de aprendizaje basados en el respeto, la colaboración y la sensibilidad hacia las diferencias individuales. La educación musical, por su carácter expresivo, creativo y cooperativo, ofrece un espacio privilegiado para trabajar estas competencias de manera natural y vivencial.

Las tres competencias docentes transversales desarrolladas en el proyecto de educación musical en un contexto de inclusión
La Empatía

Comprender cómo se sienten otras personas y responder desde el respeto y la sensibilidad es esencial para la docencia. El análisis de los diarios reflexivos revela que la educación musical impulsó de forma significativa el desarrollo de la empatía en los futuros maestros y maestras. Actividades como la composición o la improvisación colectiva facilitaron la expresión emocional, la comprensión de los sentimientos del resto y la cooperación en el aula (Cuervo y Campayo, 2024).

Los y las estudiantes avanzaron desde una empatía cognitiva —leer señales no verbales, reinterpretar conductas complejas, ajustar la comunicación— hacia una empatía afectiva, marcada por la conexión emocional que surgía a través de la música. Esta vivencia les permitió superar miedos iniciales, compartir alegrías y validar las emociones del alumnado. Finalmente, alcanzaron una empatía compasiva, traducida en acciones concretas: adaptar instrumentos, ofrecer apoyo físico, ajustar dinámicas y ampliar el cuidado al propio profesorado del centro.


Me di cuenta de que tenía implantes en las piernas… me comentó que por los implantes no se podía sentar en el suelo y me senté con ella en un banco para realizar la actividad de relajación… esta actividad me ayudó a favorecer la empatía.


En conjunto, la música actuó como un mediador poderoso para cultivar una mirada docente inclusiva, sensible y socialmente justa.

La resiliencia

La resiliencia implica adaptarse a los retos, mantener el equilibrio emocional y buscar alternativas ante dificultades. En educación musical, esta capacidad es esencial para afrontar imprevistos, gestionar situaciones estresantes y responder a realidades complejas del alumnado (Munroe, 2022).

En el proyecto, la resiliencia se expresó de diversas formas. Primero, en la gestión de imprevistos técnicos y organizativos: fallos tecnológicos, cambios de grupo o retrasos fueron afrontados con serenidad, creatividad e improvisación. Segundo, en la flexibilidad pedagógica, adaptando instrumentos, materiales o dinámicas para garantizar la inclusión (Parejo et al., 2021). También emergió en la regulación emocional, aprendiendo a manejar la frustración y las conductas desafiantes desde una actitud calmada y profesional. Todo ello favoreció un crecimiento personal y profesional, transformando errores en oportunidades y reforzando la autoconfianza.


Hubo un problema con la red… dejó de sonar la música. A pesar de este contratiempo, uno de los integrantes del grupo comenzó a cantar la canción y de esta forma la actividad siguió igual o de forma muy parecida… consiguiendo que la actividad no se parase.


La resiliencia se manifestó así como la capacidad de afrontar la incertidumbre y actuar con compromiso educativo.

La conducta prosocial

La participación en actividades musicales colectivas se ha asociado con un incremento de conductas prosociales en la infancia, como ayudar y compartir, lo que confirma el valor educativo de la música para fomentar la cooperación y los valores comunitarios (Ilari et al., 2020).

En este proyecto, la conducta prosocial se manifestó como una transformación profunda de la identidad profesional del futuro profesorado. Surgió a través de acciones físicas e inclusivas —apoyo a estudiantes con movilidad reducida, adaptación de instrumentos, eliminación de barreras para la participación— y del apoyo socioemocional, priorizando la autoestima, el bienestar y la seguridad afectiva del alumnado.

Asimismo, el grupo de estudiantes desarrolló fuertes vínculos de cooperación interna para resolver imprevistos y atender a quienes más lo necesitaban. Esta conducta prosocial se extendió también al profesorado del centro, reconociendo y aliviando su carga de trabajo cuando era posible.


Éramos nosotros quienes movíamos y ayudábamos a los niños y niñas en silla de ruedas para que pudieran realizar la sesión como los demás… y es muy gratificante para nosotros ver cómo los alumnos disfrutan y se sienten integrados.


La música actuó, una vez más, como un catalizador de una docencia ética, solidaria y comprometida.

Conclusión

La colaboración entre la Universidad de Valladolid y el Centro de Educación Especial de “Nuestra Señora de la Esperanza” de Segovia se ha consolidado como un modelo valioso para la formación en competencias transversales del futuro profesorado de Educación Musical. Esta experiencia no solo ha impulsado el desarrollo de la empatía, la resiliencia y la conducta prosocial, sino que ha permitido dar respuesta directa a las necesidades de un alumnado diverso, generando entornos de aprendizaje inclusivos y significativos. De cara al futuro, es fundamental continuar fortaleciendo esta alianza y construir una red estable de colaboración interinstitucional que garantice una formación inicial conectada con las realidades —cada vez más diversas, complejas y cambiantes— de la escuela. El proyecto ha dejado una huella profunda en los y las estudiantes participantes y, al mismo tiempo, ha tenido un impacto positivo en el propio centro educativo, promoviendo una cultura compartida de aprendizaje, empatía y cooperación.

Esta experiencia cuenta con la autorización preceptiva de la Consejería de Educación de la Junta de Castilla y León y está vinculada a nivel científico con el proyecto I+D+i “Redes colaborativas en educación: docencia crítica para una sociedad inclusiva” (PID2022-138882OB-I00).

Referencias bibliográficas

Corton-Heras M.O., Giraldez-Hayes A., Soliveres-Buigues R., & Parejo J.L (2023a). The Mediation of Music in the Development of Intrapersonal and Action Skills in Early Teacher Education . Qualitative Research in Education, 12 (2). 116-148. https://doi.org/10.17583/qre.10748

Cortón-Heras, M. de la O., Monreal Guerrero, I. M., & Parejo, J. L. (2023b). La mediación de la música en el desarrollo de las habilidades interpersonales en la formación inicial del profesorado . Artseduca . https://doi.org/10.6035/artseduca.6827

Cuervo, L., & Campayo, E. (2024). The potential of group music education fordeveloping empathy: An empirical study. Psychology of Music, 52 (6), 668–684.https://doi.org/10.1177/03057356231183873

Giraldez-Hayes, A., & Prince, E.-S. (2017). Habilidades para la vida: Aprender a ser y aprender a convivir en la escuela. Ediciones SM.

lari, B., Helfter, S., & Huynh, T. (2020). Associations between musical participation andyoung children’s prosocial behaviors. Journal of Research in Music Education, 67 (4),399–412. https://doi.org/10.1177/002242941987816

Munroe, A. M. (2022). Novice and experienced music teacher resilience: A comparative case study. Studies in Music Education, 44 (1), 99–109. https://doi.org/10.1177/1321103X211023248

Parejo, J.L., Cortón-Heras, M.O., & Giraldez-Hayes, A. (2021). La dinamización musical del patio escolar. Revista Electrónica Complutense de Investigación en Educación Musical , (18), 167-194. https://doi.org/10.5209/reciem.69734

 

Autoría: 

María de la O Cortón de las Heras

Departamento de Didáctica de la Expresión Musical, Plástica y Corporal

Universidad de Valladolid

 

José Luis Parejo

Departamento de Pedagogía

Universidad de Valladolid

Grupo de investigación ICUFOP

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