Doce pinceladas sobre hacer etnografía en un mundo digital

1. La pandemia que consume en los últimos meses a la humanidad cambia (y quizás cambiará) la manera en que vemos todo lo que pasa mediante pantallas en las escuelas y universidades.

2. Toda la maraña digital y de pantallas no es un tema nuevo para muchos de los estudiosos que investigamos en las escuelas, el aprendizaje o, en general, las maneras en que las personas y sociedades experimentan la vida y cambian según sus experiencias. Estos estudiosos, que denominamos normalmente etnógrafas (si se centran en las escuelas y educación, entonces etnógrafas educativas), nutren a la humanidad con descripciones detalladas y frescas de la realidad.

3. Los primeros estudios etnográficos más formales nacen con el avance tecnológico a partir de la consolidación de la revolución industrial. Partían de preguntas como estas: ¿Qué impacto tiene que se haya inventado el barco de vapor para la expansión de las revoluciones liberales?, o ¿cómo la invención del teléfono o de códigos encriptados para comunicar cambian la manera en que mantenemos relaciones sociales con nuestros seres queridos o la manera en que se cometía las tropelías bélicas más salvajes?

4. Era importante describir, conocer y reconocer la relevancia de estos impactos sociales para poder poner la atención desde otros ámbitos de la ciencia en aquello que resultaba relevante. Se nos viene a la cabeza el descifrado del código Enigma que llevó a cabo el matemático Alan Turing — sin duda, un hito que inclinó la balanza en favor de los aliados frente a los nazis en la II Guerra Mundial y que, además, marcó el inicio de sistemas de comunicación a distancia precursores de lo que hoy conocemos como internet.

5. La realidad es que los cambios tecnológicos son cada vez más frecuentes y de mayor calado, propulsados por el avance imparable de la digitalización. Ante esta realidad, la etnografía —la descripción detallada de procesos sociales y culturales contemporáneos— es crucial.

6. Dado que la etnografía es crucial para entender estos procesos y dado que estos procesos se producen de manera parcial o total en línea, es necesario que la etnografía se adapte en consecuencia, que convierta sus prácticas de investigación para el nuevo contexto, que se adapten sus instrumentos para recoger datos y que se adapten sus herramientas para analizar tales datos.

7. Hacer etnografía en el mundo digital o híbrido implica una manera de estudiar la realidad particular.

8. La cultura digital actual es participativa, colaborativa y abierta: todo el mundo puede —teóricamente— participar. Pensemos, por ejemplo, en Wikipedia.

9. La cultura digital actual es multimodal: el texto escrito ya no es el modo de crear significado preponderante, sino que existen fotografías estáticas y en movimiento, audio, vídeo, colores, saturación y tantos otros recursos semióticos (recursos para crear significado) relevantes para las maneras de comunicar y transmitir y procesar información y contenido.

10. La cultura digital actual está entremezclada: las conexiones y relaciones asociativas que permite hacer la red son innumerables —siempre que sepamos ubicarnos críticamente—, por lo que los enfoques para estudiar esta realidad parece que apuntan a aunar esfuerzos de varias expertas y disciplinas: a la interdisciplinariedad.

11. La cultura digital actual difumina espacios y contextos anteriormente bien delimitados: hay profesores que suben vídeos en aplicaciones de compartición de micro vídeos como TikTok, con miles de visitas. Sin superponer unos espacios o contextos a otros, todas las nuevas realidades van difuminando las fronteras entre lo académico y lo vernáculo, entre lo formal y lo informal. Por ejemplo, la etnografía en estos espacios en línea puede ayudar a iluminar qué se aprende en cada lugar, a conocer el potencial de cada espacio o a poner orden en contextos cada vez más complejos de separar.

12. Centralizar el debate en las tecnologías no es una solución a la maraña tecnológica. Sin embargo, observar la repercusión social y cultural que las tecnologías tienen para las maneras de ser, de hacer, de aprender, de los seres humanos sí puede ayudar —en nuestra opinión, ayuda mucho— para mantenernos actualizados con el avance tecnológico y poder adaptar respuestas más adecuadas para preservar los valores educativos y cívicos necesarios de las generaciones venideras.

En Gewerc y Vazquez-Calvo (2020), ofrecemos una lectura para refrescar algún concepto clásico de la etnografía y cómo estos conceptos se ven trastocados por las tecnologías actuales. Puede resultar de interés para personal investigador, docentes de diferentes niveles, alumnado y toda aquella persona que quiera saber por qué la etnografía es una aproximación a la investigación en creciente valor.

Referencia:

Gewerc, Adriana y Boris Vazquez-Calvo (2020). “Hacer etnografía en la era y el mundo digital (o posdigital)”. En Juana M. Sancho Gil et al. (coords). Caminos y derivas para otra investigación educativa y social. Madrid: Octaedro.

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